José Simón Elarba, el empresario con una complicada y escandalosa relación con las finanzas estatales de Venezuela

Por Karem Galvez

José Simón Elarba Haddad ejerció como abogado para un despacho legal de prestigio en Venezuela. Hoy algunos venezolanos lo catalogan como uno de los más poderosos «enchufados» en su país. Elarba es propietario y presidente de la compañía Fospuca, dedicada al saneamiento ambiental y según la web de la compañía a la «limpieza de calles, avenidas, bulevares, plazas, islas y aceras» en diferentes zonas de Venezuela.

El empresario ha desarrollado negocios indiferentemente con sectores del chavismo y de la oposición, encargándose de la recolección de desechos sólidos en diversos municipios de Venezuela, gobernados por ambas tendencias politicas.

Elarba es directivo del diario venezolano El Nacional. Es abogado, socio de la firma Gadea & Lesseur & Asociados, que abarca derecho corporativo, mercantil, laboral, relaciones internacionales, civil, negocios, familia, penal e inquilinario.

Según la web Poderopedia, figura como presidente de Industrias Manufactureras Colchotex C. A., y aparece como importador de productos provenientes de Francia.

Fue abogado de Inverunión Banco Comercial, entidad financiera intervenida el 18 de enero de 2010 – junto a Banco Del Sol, Banco de Desarrollo C. A. y Mi Casa, Entidad de Ahorro y Préstamo, C. A.- por irregularidades administrativas, cuyo antiguo propietario permanece prófugo de la justicia.

En 2014, de acuerdo con un expediente del Tribunal Supremo de Justicia, Inverunión lo demandó -como también a Carlos Luis Urbina Fuentes- por cobro de bolívares.

Según un reporte de Marcos David Valverde para la web Armando.info, José Simón Elarba ha levantado su perfil público como propietario y presidente de Fospuca, prestadora del servicio de aseo urbano en municipios de Caracas y otras regiones. De ese modo se ha dejado ver como un ejecutivo de buen gusto y mejores conexiones con el poder. Pero justo antes de hacerse de ese negocio -que gestiona, como otros de sus emprendimientos, con criterios de firma familiar- este abogado venezolano recibió una transferencia por un poco más de un millón de dólares desde una jurisdicción indeterminada y por orden de una empresa sin rastros. El Departamento del Tesoro tomó nota en Washington.

Dice que separa el trigo de la paja: si sus afectos están en ciertos aprietos, son asuntos de cada uno de ellos. Pero su incondicionalidad, insiste el empresario venezolano José Simón Elarba Haddad, no se tuerce.

Por ejemplo, sobre Raúl Gorrín, presidente de Globovisión y sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, declara a Armando.info: “Resalto la palabra: mi amigo Raúl Gorrín”. O, para señalar otro ejemplo, sobre Carlos Erik Malpica Flores, ex tesorero de la Nación, ex director de Finanzas de Pdvsa, sobrino de la primera dama de Venezuela, Cilia Flores, y sancionado por los gobiernos de Panamá y Canadá, Elarba sentencia sin tapujos: “Es bastante amigo mío”.

Pero no son estos amigos investigados y sancionados los únicos bajo escrutinio por las autoridades del norte. El propio Elarba quedó mencionado en un documento recibido por el mismo Departamento del Tesoro que sancionó a Raúl Gorrín y que incluye un término taxativo: actividades sospechosas.

Se trata de un Reporte de Actividad Sospechosa (SAR, por sus siglas en inglés) contenido entre los 2.100 documentos de la unidad de inteligencia del Departamento del Tesoro, la Red de Control de Crímenes Financieros (FinCEN, por su acróstico en inglés), obtenidos por BuzzFeed News y que, una vez compartidos con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y más de 400 reporteros en 88 países, incluyendo los del equipo de Armando.info, dieron pie a la investigación periodística global que hoy se conoce como FinCEN Files.

Las aristas de los FinCEN Files fueron transversales en Venezuela por decenas de casos, incluyendo uno de los que atañe a este SAR y que se fundamenta en las suspicacias sobre el origen de los fondos y de transacciones “sin propósito económico, comercial o legal aparente”. El caso en concreto es el de la transferencia por 1,48 millones de dólares que un día de julio de 2014 recibió en una de sus cuentas Elarba Haddad.

“Estoy comprometido con el medio ambiente”. La frase es parte de la presentación de Elarba (Caracas, 1964) en su sitio web para resaltar su cargo como presidente de Fospuca, empresa que, con base en la capital venezolana, está dedicada a la recolección de basura.

Elarba es un invitado habitual a los programas de entrevistas de Globovisión, propiedad del sancionado Raúl Gorrín.

En ese sitio despliega habitualmente las noticias acerca de las novedades de esa empresa privada que presta servicios en los municipios Baruta, Chacao y El Hatillo, todos en el sector este de Caracas comprendido en el estado Miranda; Iribarren y Jiménez, en el estado Lara (centrooccidente de Venezuela); y, desde mayo de 2020, Maneiro, en el insular estado Nueva Esparta.

Personaje cuando menos pintoresco, también aprovecha la disposición de sus plataformas mediáticas para ventilar algunas de sus fascinaciones personales, en especial, la gastronomía.

Así, en la misma página en la que se ven las fotografías de los camiones de su empresa, los que recolectan la basura de los municipios más acomodados de la capital, también ofrece consejos sobre la combinación ideal de vinos y comidas.

Abogado de profesión, Elarba Haddad es socio del bufete Gadea, Lesseur & Asociados. La firma, fundada hace más de 50 años, tiene entre otras de sus fichas a Gerardo Blyde, ex diputado de la Asamblea Nacional, ex alcalde de Baruta y fundador del partido Primero Justicia.

En esa firma, Elarba también comparte sociedad con su esposa, Aitza Melo Castillo (“Y lo más importante, soy el esposo de Aitza”, describe él mismo en el perfil de su cuenta de Twitter a modo de coletilla de la enumeración de sus cargos empresariales, un perfil que, además, ilustra con una imagen de la Virgen del Valle), y con su hijastra, Mariana Flores Melo.

Flores Melo es esposa de Henry Jesús Camino Muñoz, quien es a su vez uno de los socios de Elarba en Fospuca, una empresa con más de 30 años de fundación que este último compró en 2014.

“Me pareció interesante meterme en ese negocio que tenía una cartera de clientes interesante. Faltaba ponerle amor al negocio. En diciembre de 2014 yo compro Fospuca Internacional”, explica vía telefónica.

Fue el Bank of New York Mellon (BNY Mellon) la institución que en 2015 presentó a la FinCEN los reportes de 443 transferencias sospechosas que, en total, sumaban 66,5 millones de dólares. Entre ellas, una conectada con el venezolano José Simón Elarba.

Sobre estas transferencias hubo dos particularidades que fueron el basamento para que lucieran sospechosas ante los oficiales de cumplimiento del banco que las reportaron a la FinCEN. La primera de ellas era que la mayoría de las transferencias se concretaron mediante relaciones bancarias de anidamiento (nesting), término financiero conocido en el argot bancario internacional como corresponsales downstream, que sintetiza la estrategia en la que un cliente abre una cuenta en grandes bancos para, mediante este, facilitar las transacciones con bancos más pequeños fuera del país del banco principal. Regularmente, estas entidades menores están registradas en localidades offshore (con sedes en paraísos fiscales, a juzgar por las prácticas más comunes). En suma, el banco grande “anida” las transacciones del más pequeño por solicitud del titular de la cuenta, y de ese modo hace de manera informal, no contratada, su corresponsalía.

Elarba señala que la transferencia registrada en el SAR corresponde al pago de honorarios por servicios jurídicos. Aseguró que el cliente le pidió confidencialidad y que, por lo tanto, no hablaría sobre él para este reportaje.

La segunda particularidad se refiere a la presencia, en las idas y venidas de las transferencias, de otras criaturas del reino financiero conocidas como shell companies, empresas de puro nombre y papel, nada más caparazón, sin presencia física. En el reporte para la FinCEN, los ejecutivos bancarios denunciantes detallan que este tipo de instituciones “…pueden ser creadas y utilizadas por individuos y empresas con fines legítimos. Sin embargo, son una preocupación por el dinero lavado y los delitos financieros, económicos para operar y se estructuran de una manera diseñada para encubrir los detalles de las transacciones”.

En lo que respecta a Elarba, el lunes 14 de julio de 2014, una de estas “altas cantidades de dólares”, poco más de 1,48 millones de dólares, se transfirieron a partir de dos giros desde el South American International Bank Curaçao N.V., a través del Bank of New York Mellon, a la cuenta en el HSBC Private Bank (también señalado en los FinCEN Files como uno de los grandes bancos globales mas displicentes en cuanto a las medidas antilavado) de José Simón Elarba.

Las transferencias partieron de la cuenta de una empresa registrada con el nombre de Parts and Accessories Supplier, Ltd. Los datos de la transferencia apenas mencionan una dirección ambigua de esta compañía: Carleton Court. Sin más.

Un rastreo por varias bases de datos no arroja resultado exacto de nombres de empresas que coincidan con el señalado en el SAR. Si bien en Barbados hay una dirección conocida como Carleton Court en la que varias empresas ubican su sede, y en su registro mercantil se halla una empresa de nombre similar, no se pudieron verificar otros datos que permitieran afirmar que se trata de la misma Parts and Accessories Supplier. Barbados es reconocida como una jurisdicción bastante secreta.

Lo verificable en cualquier caso es que esa persona jurídica poco transparente ordenó desde esa jurisdicción hermética transferir algo más de un millón de dólares a José Simón Elarba.

Fospuca presta servicios en varios municipios del área metropolitana de Caracas, y en los estados Lara y Nueva Esparta.

En una primera conversación con Armando.Info el 1 de diciembre de 2020, Elarba aseguró no recordar nada con respecto a esas transferencias. “No tengo la menor idea”, aseveró, aunque reconoció lo siguiente: “En aquel momento era imprescindible tener que hacer cosas a través de compañías shell. Había un estricto control de cambio y todas las empresas tenían que tener compañías fuera del país para hacer esas transacciones. Gracias a Dios y a la Virgen, las operaciones las hice en el extranjero, ninguna fue en el patio aquí, de Venezuela. Mis cuentas están en Suiza y en Estados Unidos, que es donde tengo mi plata”.

Pero ya en una segunda comunicación, tres días después, aseguró haber contactado a los dueños de Parts and Accessories Supliers, Ltd, la misteriosa remitente de los fondos en julio de 2014. “En el año 2013 fuimos contratados por una empresa automotriz transnacional para organizar sus activos para ser vendidos, es decir, querían estar listos para eventualmente poder ser vendidos, como efectivamente ocurrió. El monto de las dos transferencias son el pago de honorarios de varios abogados y peritos que participaron en la operación. Final y felizmente los activos de esa empresa, incluyendo su marca, fueron vendidos”.

¿Y el origen y la sede de la empresa? Elarba fue enfático por escrito: “Antes de contestarte consulté con el cliente y le pedí autorización para enseñar los documentos y me pidió que mantuviera la confidencialidad de eso. Es por eso que no te puedo dar más información”.

Según lo señalado en el SAR rendido ante la FinCEN, en este caso se constataban varias características de un esquema potencialmente irregular: el “Bank of New York Mellon considera que las transferencias informadas aquí son sospechosas porque: las transacciones se realizan mediante una relación anidada que involucra al South American International Bank Curaçao, ubicado en una jurisdicción de alto riesgo; algunas de las partes no podrían ser identificadas a través de investigación de fuente pública y, por eso, pueden estar operando como entidades shell; la fuente de los fondos y sus propósitos no pueden ser identificados; las transferencias fueron enviadas a entidades en jurisdicciones de alto riesgo [Suiza, en el caso de Elarba]; y hay una alta cantidad de dinero envuelta”. Un dinero sobre el que la FinCEN nunca tuvo respuestas, si acaso las requirió.

Según investigaciones de la Comisión de Lucha Antidroga, Antiterrorismo y Delincuencia Organizada de la Asamblea Nacional de Venezuela iniciadas en agosto de 2018, José Simón Elarba Haddad está vinculado al caso Money Flight, que destapó una gigantesca red de corrupción de “poderosos” en Venezuela.

Sin embargo, las actividades irregulares de Elarba Haddad fueron expuestas desde 2009, cuando en medios venezolanos lo acusaron de haber facilitado negocios turbios del banquero Gonzalo Tirado Yépez con el Gobierno chavista, así como también negocios irregulares con el Banco Bicentenario.

En algunos medios se ha asegurado que el empresario no podría explicar el origen de los fondos de sus empresas “FOSPUCA, entre otras). al igual que su declaración de impuesto sobre la renta en Venezuela confrontada con los fondos que tiene depositados a su nombre o empresas relacionadas en Estados Unidos y Europa”.

En 2015 una fotografía tomada en la caribeña isla de Saint Barth, reveló la estrecha e intima amistad entre Elarba, Henry Camino y Carlos Malpica Flores.

Carlos Erik Malpica Flores en compañía de José Simón Elarba Haddad

El 3 de septiembre de 2014, el presidente venezolano Nicolás Maduro destituyó al ministro de petróleo Rafael Ramírez, cambió a la directiva de Petróleos de Venezuela, SA (PDVSA) y al responsable de las finanzas, cargo para el que designó a quien ya fungía como tesorero de Venezuela, su sobrino político Carlos Erik Malpica Flores, quien llegó con un nuevo equipo en el cual figuró su operador financiero personal, José Simón Elarba, quien entró así a controlar una Comisión Nacional de Administración de Divisas (CADIVI) paralela de la petrolera, desplazando al broker financiero Luis Alfonso Oberto, profundizando la enemistad entre ambos y dando origen a enfrentamientos públicos.

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