Los Ceballos, la controversial familia de empresarios venezolanos que se apoderó del emblemático hotel Humboldt en Caracas

Una casta empresarial hizo cumbre en el hotel Humboldt

Por Patricia Marcano
armando.info

Si los caraqueños alzan la mirada podrán ver en la cima del cerro El Ávila las evidencias de un proceso de conquista: la familia Ceballos, uno de los grupos contratistas favorecidos por la Revolución Bolivariana, empezó en 2014 a construir la extensión del teleférico al litoral, pero cinco años después amplió su control a la operación de la lujosa torre cilíndrica que corona la montaña. Ahora la apuesta es seguir privatizando allí más bienes para explotarlos, incluyendo todo el sistema teleférico, la pista de patinaje sobre hielo y los pequeños comercios de la caminería que culmina en el hotel construido en la década de los años 50.

La habitación-museo número 101 del hotel Humboldt, el tótem de 15 pisos de altura que desde mediados de los años 50 domina Caracas sobre la cumbre del cerro El Ávila -o Waraira Repano, como lo rebautizó el régimen chavista en su pretensión indigenista-, intenta recrear el aspecto que el cuarto tuvo en su debut, en tiempos de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

Entre el mobiliario de época, junto a un par de maletas de cuero y piel típicas de las películas de entonces, cuadradas y con broches a presión, en las que los turistas solían adherir calcomanías de los destinos visitados a manera de un pasaporte o recuento de sus travesías, yace un par de botines negros para patinar sobre hielo.

La historia que cuentan en la visita guiada asegura que los objetos fueron abandonados por huéspedes de la época y resguardados desde entonces y durante 40 años por «el señor Paco», el guardián del Humboldt, un hombre que vivió en el hotel haciendo las veces de guardia y que se mantuvo vigilante hasta su muerte, en 2008.

“¿Aquí había pista de patinaje?”, es la pregunta que surge de inmediato. El guía responde con un anuncio para aclarar que, más que a una reliquia, la pregunta apunta al futuro inmediato: «La pista de patinaje está abajo en el parque y ahorita estamos en mantenimiento para volver a activarla”.

El hotel Humboldt es más que un hotel. Es un complejo de entretenimiento. Además de las instalaciones de alojamiento, gastronomía y casino que ya funcionan en la torre, comprende también el sistema teleférico, desde su estación de partida en Maripérez -en el centro norte de Caracas- hasta la terminal en la cima de El Ávila, así como los locales de comida rápida, restaurantes y quioscos de suvenires asentados a orillas del bulevar que conduce desde allí al hotel. Todo esto va en camino de ser asignado a la empresa Operadora Turística Humboldt 1956, que se propone agregar también la pista de patinaje, actualmente en remodelación, a sus haberes.

¿Qué es Operadora Turística Humboldt 1956? Es otra de las múltiples fachadas mercantiles de la familia Ceballos, uno de los contratistas predilectos de la administración de Nicolás Maduro.

¿Y quiénes son los Ceballos? Se trata de un grupo familiar que, desde finales de la década de los años 70, se había dedicado a la construcción de obras civiles para el Estado venezolano al amparo de diversas personas jurídicas y, desde el año 2000, con Inversiones Alfamaq como su empresa principal. En el Sistema Nacional de Contrataciones públicas no es difícil notar que la experiencia de los Ceballos se había desarrollado hasta 2007 fundamentalmente en el área de construcción de planteles educativos, como proveedores de la Fundación de Edificaciones y Dotaciones Educativas (FEDE) del Ministerio de Educación.

 

Los indicios a partir de ese año muestran una diversificación de sus servicios y de su cartera de clientes, que empezó a incluir a otros entes del Estado, como la poderosa estatal petrolera PDVSA.

Desde entonces han participado en la recuperación de colosos como el Poliedro de Caracas y otra obra adyacente que data del perezjimenismo, el Hipódromo de La Rinconada. También se apuntaron en su hoja de servicios los acueductos manejados por Hidrocapital (Tuy I, II y III), Hidrocaribe (en Anzoátegui) e Hidrolago (sistema Tulé-Manuelote-Tres Ríos en el estado Zulia), así como otros proyectos milmillonarios y de envergadura en términos de ingeniería civil, incluida la construcción, dilatada y todavía en marcha, del tramo que volverá a conectar a Caracas con las playas del litoral central, bajando desde la cima de El Ávila por su vertiente norte hasta La Guaira.

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Desde que en 2014 los Ceballos se encargaron del proyecto, iniciaron en simultáneo una especie de colonización del cerro, emblema de Caracas. Primero con Alfamaq, que aún sin contar con experiencia en sistemas de teleféricos, ha logrado tener el protagonismo en estos trabajos; luego, desde finales de 2019, con Operadora Turística Humboldt 1956, empresa con la que se encargan -tras bastidores- de manejar las actividades del imponente hotel que vigila al valle de Caracas desde la cima. Y más recientemente, desde finales de 2020 con esta misma empresa, llevan adelante un intento por administrar todo el sistema teleférico que une a Caracas con la cumbre del Ávila y su enlace con el Humboldt.

La operación del hotel Humboldt le fue concedida a los Ceballos en 2019. Fue una decisión adoptada por Félix Plasencia (actual embajador en China y acompañante de la vicepresidenta Delcy Rodríguez durante su polémica escala en el aeropuerto de Barajas de Madrid, en enero de 2020) cuando estuvo al frente del ministerio de Turismo y Comercio Exterior (Mincoex).

Los rayos verdes

La apertura del casino y la celebración de festejos fastuosos inevitablemente llamaron la atención, entre finales de 2019 y en 2020, ya en pleno confinamiento por la pandemia, sobre la actividad en el hotel. Desde entonces ha sido Luis Semprún Van Grieken quien ha dado la cara al público por el hotel como su gerente general. Pero en realidad quienes figuran como accionistas de Operadora Turística Humboldt 1956 son otros: Roberto Meinhardt Iturbe y Luis Alberto Hernández Abreu, este último un viejo conocido en la familia Ceballos, pariente y socio de Alejandro Andrés Ceballos Cevallos, el hijo mayor de Alejandro Jesús Ceballos Jiménez, economista de 63 años que lidera desde hace varios años el grupo de empresas familiar.

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En noviembre de 2019, apenas cuatro días después de haber concretado todos los trámites administrativos para el registro comercial de Operadora Turística Humboldt 1956, llegó la primera gran convocatoria: “por todo lo alto” invitaban a la pre-inauguración del Casino Humboldt para el martes 10 de noviembre. No sería la única celebración. Hubo segunda y tercera invitaciones para el primer torneo de póker con participación en dólares, el 17 de noviembre, y otra cita con las cartas el 4 de diciembre.

La ocasión representaba un desmentido al cierre de bingos y casas de juego que Hugo Chávez había ordenado en 2011. El propio Nicolás Maduro bendijo el giro de 180 grados en la política oficial durante una alocución televisada en enero de 2020: anunció que en el casino del Humboldt se apostaría en divisas y en petros, la criptomoneda diseñada por su gobierno.

La discreción con la que se otorgó la concesión no sería la característica del inicio de actividades del hotel. Los caraqueños lo supieron la noche del 14 de diciembre de 2019. Un festival de haces de luz láser alumbró el valle capitalino desde la torre cilíndrica del hotel. Los rayos verdosos atravesaban la nitidez de esa noche de temporada navideña, en competencia algo sacrílega con la modesta cruz que tradicionalmente se enciende en esa temporada en el cerro El Ávila, y perturbando la paz del parque nacional que desde 1958 abarca la montaña y toda la muralla de la Cordillera de la Costa que separa a Caracas del mar Caribe.

El espectáculo fue recogido en historias de Instagram y compartido en las redes casi en tono de confidencia. Pronto se confirmaría, tras una verificación del portal Es Paja, que la excepcional fiesta con invitados VIP fue organizada por el restaurante El Cine, con sede en El Hatillo, un suburbio semicampestre al sureste de Caracas. Cinco días después, el propietario de El Cine, Alejandro Suegart, falleció en un accidente aéreo junto a ocho personas más cuando regresaba a Caracas desde Guasipati, zona minera del estado Bolívar, en el sur del país.

Aquella ostentación fue el preámbulo del programa de visitas guiadas al hotel (con un costo de entre 30 y 60 dólares) que convoca ahora a todo el que desee ser parte del quién-es-quién de la capital de la autodenominada Revolución Bolivariana. El recorrido permite revivir glorias pasadas y conocer el meticuloso trabajo de restauración que se hizo en la edificación durante siete años.

También marcó el inicio de la aparición, cada vez más frecuente, de Semprún Van Grieken en medios, con quien no fue posible hablar para este reportaje.

Carlos Salas, director de Operaciones, Banquetes y Eventos del hotel Humboldt, sí aceptó conceder una entrevista. Según Salas, en noviembre de 2019 decidieron hacer un soft opening del hotel. Es decir, un inicio de actividades controlado, sin grandes volúmenes de visitas para probar servicios, con clientes a puerta cerrada, eventos privados, visitas guiadas para un máximo de 15 personas, comidas dirigidas, todo con reservación previa. Solo a partir de diciembre de 2020, cuando obtuvieron de manera oficial la categoría de hotel de cinco estrellas, lo abrieron a la opción de hospedaje, a un costo de 300 dólares por noche, iniciando con 22 habitaciones de las 70 disponibles.

Salas hace notar que no tiene nada de raro que el Estado otorgue a privados la concesión de un hotel para su manejo; de hecho, recuerda, esa es desde 2017 política de Venetur (Venezolana de Turismo, empresa del Estado encargada de las operaciones turísticas). En el caso del Humboldt, la concesión fue otorgada a la cadena Marriott en 2018 pero, siempre según el relato de Salas, “a mediados de 2019 Marriott no lo ve viable, por montones de variables que estaban sucediendo en el país, y devuelve la concesión. Y allí se vuelve a ofertar a diferentes actores hoteleros”. Salas lo dice con conocimiento de causa: asegura haber trabajado durante años para Marriott y ser el desarrollador del concepto del Humboldt para esa cadena. “Mi experticia es abrir hoteles”, recalca.

Luego fue contactado por los representantes de Operadora Turística Humboldt 1956 para que terminara de desarrollar el concepto del hotel con ellos, como los nuevos autorizados. Otro tanto ocurrió con Luis Semprún Van Grieken, quien también tiene amplia experiencia en el sector turístico, en la cadena Marriott, y en su carácter de expresidente de la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV) y de aerolíneas como la desaparecida Santa Bárbara Airlines (SBA).

A pesar de que le confiaron tamaña responsabilidad, Salas afirma que no conoce quiénes son sus verdaderos empleadores.

De constructores a hoteleros

Las identidades de los socios accionistas, según aparecen en los registros mercantiles, son las que permiten entender quiénes están detrás del hotel. Por cierto, lejos están de ser expertos hoteleros.

Luis Alberto Hernández Abreu, tenedor del 75% de las acciones y presidente de la Operadora Turística Humboldt 1956, creada con un capital de 22.000 dólares de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela para la fecha en 2019, representa los intereses de Alejandro Andrés Ceballos en el negocio.

De ambos se puede decir que son casi primos: Luis Alberto es sobrino de Nelson Ceballos Jimémez, al ser hijo de una de las hermanas de su esposa, Zhereyda Abreu. Nelson era tío de Alejandro Andrés, y segundo hermano en la estirpe de los Ceballos Jiménez. Murió en febrero de 2008 en un accidente aéreo, cuando la avioneta privada en la que viajaba se precipitó a tierra a mitad de camino en un viaje de Valencia, en el centro del país, a Puerto Ordaz, en el sur, sobre la intersección de los ríos Orinoco y Caroní.

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Nelson y Zhereyda fueron los fundadores de Inversiones Alfamaq en enero del año 2000. Ella sigue en la directiva de la empresa con un pequeño porcentaje de acciones junto a su sobrino, Alejandro Andrés, y su padre, al menos según los últimos movimientos de la empresa registrados en 2019. Hoy Alfamaq es la principal empresa del Grupo 7C, nombre que deriva de los seis hermanos Ceballos y de su madre, Maura Betty Jiménez de Ceballos. De hecho, por Alfamaq han pasado todos ellos como accionistas y directivos.

Adicionalmente, Luis Alberto Hernández y Alejandro Andrés Ceballos han compartido obras en proyectos de construcción, cada uno con sus empresas. De las nueve compañías vinculadas a Hernández, seis tienen que ver con el sector construcción y solo dos se mantienen activas: Grupo 1324, destinada a la construcción de drenajes y acueductos e instalación de tuberías de alumbrado, gas, agua, oleoductos y arrendamiento de inmuebles; y Constructora X99, con experticia en obras de ingeniería, arquitectura y construcciones en general. De acuerdo con la información recopilada en el Registro Nacional de Contratistas (RNC) y sus sistema de contrataciones, Grupo 1324 ha sido cliente de Constructora X99 y de Inversiones Alfamaq, lo que se traduce en una pequeña alianza comercial que quedó en familia.

Ambos llegaron a compartir acciones en una empresa adicional, registrada en el estado Anzoátegui, en el oriente del país, llamada Transportes NFC, C.A y sin actividad comercial desde hace varios años.

Fue creada en 2006 para prestar servicios de transporte de todo tipo, desde ejecutivos hasta colectivos (traslados masivos) y de maquinaria pesada. Apenas constituida, ingresó al programa de Empresas de Producción Social (EPS) promovido por la estatal PDVSA, una vía ideal para convertirse en sus proveedores.

En Transportes NFC, C.A. también aparecían como socios otras cuatro personas, además de Hernández y Ceballos: el hermano del primero, Luis Enrique, y un primo de Ceballos llamado Manuel Ricardo Alonso Ceballos, respectivamente, y otra persona cercana a la familia llamada Henry John Gilbert Van Grieken, quien ha sido apoderado de Inversiones Alfamaq en casos judiciales; el cuarto, Zelim Avendaño Pérez, llegó a tener cierta notoriedad pública por una denuncia de corrupción diez años después, a la larga desechada.

Avendaño Pérez ocupó el cargo de director general de la Alcaldía de Barcelona (capital de Anzoátegui, municipio Simón Bolívar, en la costa noreste de Venezuela) a partir de 2013 y fue presidente de la empresa estatal Kamacuto, encargada por la municipalidad para ejecutar las obras del complejo turístico “Barcelona Caribe” o “La gran Barcelona”, proyecto que contemplaba la construcción de canales navegables, pero que no llegó a nada.

Este proyecto y la venta de terrenos municipales para su desarrollo turístico fueron llevados ante la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, entonces de mayoría opositora, en julio de 2018. Presumían algunos diputados que en la venta de los ejidos municipales para el proyecto se  podían verificar actos de presunto lavado de dinero y corrupción. En el caso también estaría involucrada Inversiones Alfamaq de la familia Ceballos, al tratarse de la empresa encargada de ejecutar parte del proyecto.

La denuncia fue presentada en su momento por el entonces diputado del partido Primero Justicia (PJ) por el estado Anzoátegui, Richard Arteaga, quien hoy integra la llamada «fracción Clap» o grupo de Los Alacranes, como la opinión pública dio por llamar a los diputados que intercedieron ante autoridades internacionales en favor de Alex Saab, el principal factor comercial y presunto testaferro de Nicolás Maduro, y que luego protagonizaron una rebelión parlamentaria contra la dirección oficial opositora. Con los meses la denuncia fue desestimada, así como las demás investigaciones llevadas por el parlamento sobre Alejandro Ceballos Jiménez, líder de Alfamaq y del Grupo 7C (vinculadas con el Proyecto Guaire y con el desvío de 500 millones de dólares de la Corporación Venezolana de Guayana que fueron depositados en una cuenta de Gazprombank en una sucursal en Líbano).

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