Los Cisneros, una familia en Venezuela envuelta en misterios, creencias ocultas y herméticos negocios

En la imagen, Gustavo y Oswaldo Cisneros

Por Estrella Ferretti

La familia Cisneros llegó a Venezuela huyendo de la dictadura en Cuba. Nombres como el de Diego Cisneros, difunto patriarca de la familia, sus hijos Gustavo y Ricardo Cisneros y su sobrino Oswaldo Cisneros, son ampliamente conocidos en el mundo industrial venezolano.

En Venezuela la familia Cisneros siguió creciendo y algunos de sus miembros se casaron, se divorciaron y volvieron a conseguir pareja.

En su momento de máximo apogeo los Cisneros fueron dueños de grandes compañías de bebidas, alimentos, automotrices, algunas bajo la modalidad de franquicias, aunque también de medios de comunicación.

Gracias a semejante poder económico lograron los favores de algunos presidentes de turno en Venezuela.

Pero la herencia de los Cisneros pareciera estar marcada por un oscuro hechizo, como pudiera pensarse de sucesos posteriores a la muerte en 2020 de Oswaldo Cisneros, víctima de una neumonía producto de la Covid-19 y de complicaciones renales; al igual que de la situación incapacitante que ahora se conoce padece Gustavo Cisneros.

Oswaldo Cisneros estuvo casado con la ahora filántropa y empresaria cubana Ella Fontanals, quién luego de vivir en Venezuela se mudó a los Estados Unidos.

Tiempo más tarde Cisneros se divorció de Ella Fontanals y se casó con Mireya Blavia.

Hoy, tras la muerte de su padre, Claudia Susana Cisneros, hija de Oswaldo Cisneros y Ella Fontanals, libra una batalla legal en Venezuela contra Mireya Blavia, a quien ha acusado de violencia privada y extorsión, mientras reclama la herencia dejada por su padre.

No obstante, tras el deceso de Oswaldo Cisneros se han destapado un sinfín de deudas dejadas por el empresario, algunas como parte de su participación en compañías petroleras como PetroDelta y en Colombia.

En cuanto a creencias religiosas, la segunda esposa de Oswaldo Cisneros ha sido asociada a la escuela de pensamiento esotérico o cábala judía, por lo cual usualmente viajaba a Israel para consultarse con un rabino y vidente.

Pero no ha sido la única, a varios de los Cisneros se les vinculó en el pasado con creencias y prácticas esotéricas y ocultistas. Algunos aseguraban que eran santeros y otros afirmaban que eran espiritistas, atribuyéndole a su relación con el misticismo parte de su éxito. Hay quieres suponen que algunas de esas creencias pudieron haberse vuelto en su propia contra.

Gustavo y Oswaldo no tuvieron hijos varones. Además del hecho del inesperado fallecimiento de Oswaldo, está la situación de su primo Gustavo, propietario en Venezuela del canal de televisión de alcance nacional Venevisión.

Personas familiarizadas con el asunto señalan que el canal Venevisión fue vendido silenciosamente a un empresario conectado con el Gobierno chavista, pero que hasta ahora han querido mantener la venta bajo el máximo hermetismo. Estas mismas señalan que Gustavo padece Alzheimer, situación que sumada a su edad (75 años), le impiden tener la capacidad física y mental necesaria para dirigir adecuadamente su negocio.

Se asegura que dada la situación de su propietario, en cuanto a Venevisión, un canal que vivió tiempos mejores y que como muchas otras empresas en Venezuela no quedó exento de la crisis económica desatada en los últimos años, su venta ha sido la mejor opción.

Una herencia que parece cargar con un maleficio, muchos secretos y su devoción por el ocultismo, siguen haciendo en definitiva de los Cisneros una de las familias del mundo empresarial más controversiales de Venezuela.

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