Los empresarios Alex Saab y Álvaro Pulido Vargas despuntan como proveedores de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) de Venezuela.



Los industriales colombianos, a quienes describen como clientes del oligárquico abogado neogranadino Abelardo De la Espriella y vínculados a la ex-senadora Piedad Cordoba, tendrían comercialmente, según entendidos, “más vida que un gato”, pues cuando parecen estar en su ocaso, sus negocios florecen: construcción, bonos, mercado cambiario, líneas aéreas, casinos, explotación y venta de oro y piedras preciosas, pertrechos militares y ahora petróleo y combustible, sin contar los CLAP y la red de Abastos Bicentenario.

Álvaro y Alex llegaron a Venezuela para quedarse y se cree que con ellos fluirá el apoyo venezolano a la causa palestina.
Los empresarios “colonizaron” la capital venezolana y se asentaron en el Caracas Country Club, la zona más privilegiada de Caracas, famosa por su belleza, a la que sólo tienen acceso rigurosamente ricos y millonarios.



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